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Museo Nacional de Arte Decorativo

Dos obras de Auguste Rodin en el Decorativo

“La eterna primavera” y la maqueta de una chimenea son dos obras del escultor francés, considerado el padre de la escultura moderna, que el museo exhibe en sus salas

Dos obras de Auguste Rodin, el padre de la escultura moderna, se pueden visitar en el Museo Nacional de Arte Decorativo. Se trata de la escultura “La eterna primavera” y de la maqueta de una chimenea que Rodin realizó a pedido de Matías Errázuriz y Josefina de Alvear, dueños originales de la casa en la que se asienta el Museo.

François Auguste René Rodin nació en Francia, el 12 de noviembre de 1840. Es considerado el padre de la escultura moderna. Rodin se formó artistas clásicos de talla de Donatello o Miguel Ángel pero tenía un espíritu audaz e innovador. Los últimos años del siglo XIX fueron de máxima creatividad, con obras como la serie de El Beso, a la que pertenece“La eterna primavera”.

En esa escultura de mármol un hombre sostiene con su brazo derecho a una joven desnuda que arquea el cuerpo y pasa los brazos por detrás de la cabeza. La figura masculina está en equilibrio inestable, las piernas se cruzan, se recuesta sobre la derecha mientras apoya el pie izquierdo y extiende el brazo. El mármol presenta un tratamiento de superficie muy variado. En el zócalo, donde se distinguen unas margaritas, se ven las huellas de la herramienta de desbaste lo que le confiere la rusticidad propia de la piedra. Es notable el trabajo de texturas en el cabello de la figura femenina.

Rodin

La historia de la maqueta

La maqueta del proyecto de chimenea se exhibe permanentemente al lado de la chimenea original del Gran Hall del Museo. En 1913, deseosos de proponer una alternativa más arriesgada y espectacular a la chimenea neo-renacentista de la residencia que estaban empezando a levantar en Buenos Aires, los Errázuriz- Alvear encargaron el diseño a Auguste Rodin, a quien ya conocía y de quien había comprado, cinco años antes, el mármol de “La eterna primavera”.

Las tratativas entre el matrimonio y Rodin demoraron más de un año. De ese proceso el Museo con serva copias facsimilares de siete cartas de Errázuriz al escultor –los originales se conservan en el Museo Rodin de París-, y cinco manuscritos del maestro a sus potenciales clientes.

Al “mayor deseo de veros y charlar sobre esculturas para mi casa de Buenos Aires”, le escribe Errázuriz el 12 de febrero de 1912, Rodin contesta a principios de abril: “He estado pensando en vuestra propuesta y quedo desde ahora a vuestra disposición (…) Más que bocetos le mostraré obras modeladas e inéditas. Le pido que venga a Meudon, deseo estar allí con usted, así, delante de las esculturas modeladas, la elección se realizará siempre mejor que sobre temáticas”. Probablemente una o más reuniones tuvieron lugar pero recién en una carta del 26 de marzo del año siguiente, el escultor informa al ´cher Monsieur Errazuritz (sic)´: “Estoy feliz al saber que su largo viaje haya terminado; vuestro regreso a París me permitirá mostrarle lo que hecho y continuar nuestro trabajo conjunto”.

Sin embargo, el acuerdo se diluyó debido al precio elevado de la obra. Con lo cual los Errázuriz- Alvear –y el Museo después- debieron contentarse con la posesión de la maqueta de bronce y la libertad de imaginarla creciendo hasta desbordar con la soberbia musculatura de su diseño los límites de la chimenea clásica original, que sigue firme en su sitio central del Gran Hall.